El 1 de mayo de 2015, el suboficial Iván Morales Corrales abordó un helicóptero militar rumbo a una misión secreta: capturar a “El Mencho” en Villa Purificación, Jalisco. Esa misma mañana, su pareja le había dado la noticia de que sería papá.
Lo que siguió fue una emboscada brutal. Sicarios del CJNG derribaron la aeronave con un lanzacohetes RPG-7 y armas de alto calibre. Nueve de sus compañeros, entre ellos ocho militares y una agente de la Policía Federal, perdieron la vida. Iván fue el único sobreviviente.

Llegó al hospital con quemaduras en el 70% de su cuerpo. Los médicos le daban pocas esperanzas, pero él se aferró a un solo pensamiento: conocer a su hijo. Pasó cinco meses hospitalizado, soportó más de 15 cirugías reconstructivas y el personal médico empezó a llamarlo “el héroe”.

En diciembre de ese año, el presidente Enrique Peña Nieto le entregó el reconocimiento al Mérito Policial de Primera Clase en el Auditorio Nacional. Cuando caminó hacia el escenario con el rostro marcado por las quemaduras, cerca de 10 mil policías se pusieron de pie. La ovación no paró. Iván esbozó una sonrisa.
En septiembre de 2024, su testimonio fue clave para que un tribunal en Washington condenara a cadena perpetua a “El Menchito”, el hijo de “El Mencho”, señalado como quien ordenó derribar el helicóptero.
El 30 de abril de 2025, a un día de cumplirse 10 años de aquella misión, Iván y su esposa María fueron interceptados y acribillados en Temixco, Morelos. Con la caída de “El Mencho”, su historia cobra un significado aún más profundo.